Soy un oso hormiguero, y os voy a contar una historia única. Si os digo que en el zoológico hubo una excitación y un revuelo poco común, no os miento... a pesar de mi larga nariz:
Era el primer día de otoño. Las hojas decoraban las calles transformándolas en mullidos ríos dorados y el sol se asomaba todavía con un poco de sueño. Mientras se desperezaba, cumplía con su diaria tarea de iluminar la vida.